En las calles de Villavicencio, donde la vida se mide en resistencias diarias y noches a la intemperie, hay una realidad de la que poco se habla. No se ve en las cifras de seguridad ni en los balances económicos. Es silenciosa, incómoda, casi invisible: la menstruación en las mujeres habitantes de calle.
¿Cómo se vive un ciclo menstrual sin acceso a agua potable constante, sin productos de higiene, sin privacidad? La pregunta, que durante años no tuvo eco en la agenda pública, llegó finalmente al recinto del Concejo Municipal.
Allí, en medio de debates que suelen girar en torno a infraestructura, presupuesto o movilidad, se coló una preocupación distinta. Una que habla de dignidad.
El Concejo de Villavicencio aprobó el Proyecto de Acuerdo N.º 006 de 2026, una iniciativa que busca promover una estrategia de salud menstrual digna para mujeres y personas menstruantes en condición de calle. Detrás del proyecto está el concejal ponente William Hernández, quien llevó al escenario institucional una problemática que rara vez ocupa titulares.
La cifra es contundente: en la ciudad hay aproximadamente 1.536 habitantes de calle, de los cuales 133 son mujeres. Detrás de ese número hay historias atravesadas por la exclusión, pero también por una cotidianidad marcada por la falta de condiciones mínimas para gestionar su salud menstrual.
“Presentamos un proyecto sumamente importante para una población que ha sido excluida históricamente: los habitantes de calle, pero especialmente las mujeres”, dijo Hernández durante su intervención.
El acuerdo aprobado plantea algo más que la entrega de productos. Propone una estrategia integral. La responsabilidad recaerá en la Secretaría de Gestión Social y Participación Ciudadana, que deberá garantizar acceso gratuito a elementos de higiene menstrual, pero también avanzar en la reducción de los factores de exclusión social y sanitaria que rodean este tema.
La iniciativa incluye, además, la articulación con organizaciones sociales, fundaciones, instituciones educativas y empresas, así como el fortalecimiento de la atención en salud sexual y reproductiva.
Porque, como lo advirtió el propio concejal, el problema no es solo biológico.
“No se trata solo de un tema menstrual, hablamos de acompañamiento social, psicológico y médico”, señaló. Y en esa frase se resume el espíritu del acuerdo: reconocer que la dignidad no puede ser fragmentada.
Para muchas de estas mujeres, menstruar implica improvisar con lo que haya a la mano, exponerse a infecciones, al estigma y a la indiferencia. Implica, en muchos casos, atravesar ese proceso en condiciones extremas, sin espacios seguros ni apoyo institucional.
La aprobación de este proyecto no resuelve de inmediato esa realidad, pero sí marca un punto de partida. Instala el tema en la conversación pública y lo convierte en política.
En una ciudad que crece y se transforma, la discusión sobre desarrollo suele medirse en obras visibles. Sin embargo, decisiones como esta recuerdan que también hay avances que no se ven, pero que cambian la vida de quienes históricamente han estado al margen.



