Orinoquia: un mosaico natural en riesgo ante el avance agroindustrial

Por: Melissa Céspedes | @melissa_periodista 

La Orinoquia colombiana ha sido presentada en la última década como una de las grandes fronteras para el desarrollo agroindustrial del país. Sin embargo, científicos e investigadores advierten que cualquier impulso económico en la región debe considerar primero el valor ecológico de un territorio único, cuya riqueza natural podría perderse.

“La Orinoquia es muy completa, es un mosaico de diferentes espacios ecológicos”, afirma Hernando García, director del Instituto Humboldt. Lejos de limitarse a la imagen tradicional de los Llanos Orientales, la región abarca páramos, paisajes andinos, altillanuras planas y disectadas, sabanas inundables y zonas selváticas hacia los ríos Guaviare y Vichada. Cada uno de estos ecosistemas, sostiene García, tiene condiciones ecológicas particulares que deben ser comprendidas antes de promover desarrollos productivos a gran escala.

Según el Instituto Humboldt, el 43 % del agua subterránea del país se encuentra en la Orinoquia. “Es la tercera cuenca con mayor caudal en el planeta. No solo tiene una riqueza hídrica superficial, sino que también capta y acumula agua en el subsuelo. Esa capacidad es clave para el futuro del país”, señala el director.

En términos de biodiversidad, la región también es estratégica, se han registrado 23.477 especies, lo que representa el 29 % del total en Colombia. Las plantas aportan el 61 % de esta riqueza, pese a que sus registros aún son escasos en comparación con otras regiones. Además, la Orinoquia es la segunda cuenca más biodiversa del país en peces de agua dulce, con 773 especies, de las cuales 91 están en alguna categoría de amenaza.

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No se trata de un territorio vacío ni uniforme. El Instituto ha identificado 205 ecosistemas en total: 156 no intervenidos y 49 transformados. También existen 4.065 hectáreas de áreas singulares, ubicadas en zonas del piedemonte Andes-Orinoquia que abarcan departamentos como Meta, Casanare, Arauca y Vichada.

Para García, uno de los errores frecuentes es asumir que no transformar los paisajes equivale solamente a no deforestar. “Si estamos en la Orinoquia de selva, probablemente la deforestación sea un buen indicador. Pero si estamos en las sabanas inundables o en la altillanura, lo importante es evitar la transformación de ecosistemas naturales. No basta con decir que no se deforesta”.

El llamado es claro, el desarrollo debe adaptarse a las dinámicas naturales del territorio. “Bienvenido el desarrollo”, dice García, “pero hay que pensar en esas particularidades. La industria tiene que entender la base ecológica del territorio si queremos que este sea resiliente frente a los desafíos actuales del planeta”.

Finalmente, García concluye que, “la Orinoquia tiene una oferta natural que interesa al desarrollo, pero si no se entiende su complejidad ecológica, corremos el riesgo de perder una de las regiones más importantes para la vida en Colombia”.

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