
“El secreto de la vitamina que no viene en frasco”
Fanori Andrea Lozada Ríos
Psicóloga y Neuropsicóloga Clínica
Opinión
¿Alguna vez te has sentido triste y alguien te dijo: “sal a caminar, toma un poco de sol”? Uno, con cara larga, piensa: “sí, claro… como si eso fuera a arreglar algo”. Pero, aunque suene simple, ese consejo tiene más sentido del que creemos.
El sol nos regala vitamina D, una pequeña pero poderosa aliada que influye en nuestro estado de ánimo, ayudándonos a sentirnos más tranquilos, con más energía y, por qué no, un poquito más felices. No es magia… pero casi.
Y es ahí donde vale la pena mirar con otros ojos lo cotidiano. Por ejemplo, en nuestra bella Villavicencio, donde el sol no pide permiso para brillar desde temprano y donde la vida se siente distinta, más viva. Allí no solo amanece con luz, sino con sonidos: el canto de los pájaros, el calor que empieza a colarse por las ventanas… y, claro, esas escenas que parecen pequeñas, pero dicen mucho.
Hace poco, mientras llamaba a mi mamá, me dijo con toda naturalidad: “espérate un momento, voy a comprar una botella de leche”. Hasta ahí, nada fuera de lo común. Pero lo que vino después fue casi una postal: al fondo se escuchaba al vendedor, con su tono alegre, haciendo bromas, riéndose con esa risa contagiosa que no necesita explicación. Mi mamá le respondía en el mismo tono, entre risas, comentarios ligeros y esa confianza de quien ya reconoce al otro.
No era solo una compra. Era un momento lleno de vida.
Y entonces uno entiende algo importante: muchas veces no somos conscientes de cuánto influye nuestro entorno en nuestras emociones. Esa mezcla de sol, aire, sonidos, conversaciones espontáneas y gente que sonríe sin motivo aparente… todo eso suma. Todo eso nos sostiene, incluso en días difíciles.
Quizá por eso, quienes viven rodeados de esa energía no siempre notan el efecto que tiene en ellos. Siguen adelante, trabajan, sueñan con otras cosas, pero en el fondo funcionan bien, se sienten bien… porque están inmersos en una cotidianidad que, sin darse cuenta, los nutre.
Mientras tanto, otros imaginan que la felicidad está en otro lugar, en otro clima, en otra vida… sin sospechar que a veces comienza con algo tan simple como salir, recibir un poco de sol y escuchar una risa cercana.
Así que la próxima vez que alguien te diga que salgas a tomar el sol, tal vez no esté tan equivocado. Porque más allá de la vitamina D, lo que también estamos recibiendo es vida.
Recuerda: es ciencia y funciona.


