Por: Melissa Céspedes | Periodista
@melissa_periodista
En los barrios Pinilla y San Carlos, al sur de Villavicencio, sus habitantes siguen enfrentando una realidad que limita su bienestar y desarrollo: la falta constante de agua. Esta situación, que se suma a problemas como calles sin pavimentar, inseguridad y deficiente alumbrado público, ha sido señalada por la comunidad como una muestra del abandono municipal que arrastran desde hace años.
Montar un negocio en medio de esta realidad es una apuesta valiente. Cristian, propietario de un asadero de pollo, cuenta que los días sin agua, que pueden extenderse de uno a cuatro, debe pagar cerca de $80.000 pesos por mil litros para poder trabajar. “Nos hace mucha falta el agua, cuando no hay, toca comprarla. Normalmente mil litros valen 80 mil pesos y es lo que gastamos en un día. Cuando no hay, se compra en bolsa o en botellón”, relató.
Y es que, esta situación afecta directamente a varios negocios del sector, por ejemplo, Yuli López, hija de un propietario de restaurante en San Carlos, expresa su frustración: “Acá la necesitamos, es fundamental para todo. En la semana compramos tres galones de los grandes a 60 mil pesos, porque lo que nos tanquean dura día y medio, y aun así el recibo llega igual”.
Además del costo extra, hay una sensación de injusticia entre el comercio. “Pagamos por un servicio que es pésimo y que no es constante. El alcalde prometió solucionar esto cuando inició su mandato, pero la situación sigue igual”, añadió Yuli.
Las viviendas también padecen la escasez del servicio básico, Guillermo Rodríguez, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio San Carlos, señala que el problema del agua es histórico y que afecta la vida cotidiana en muchos niveles. “Uno siempre tiene que tener varias vasijas para recoger el agua y claro que eso afecta a los comerciantes, ¿cómo venden un servicio si no tienen agua? En las casas pasa igual, el uniforme de los niños, para preparar la comida, lavar la ropa… todo se ve afectado. Esto genera un desequilibrio en la vida de las personas”.
Las juntas de acción comunal aseguran que han realizado gestiones para mejorar la situación, pero piden con urgencia un estudio técnico que garantice el suministro permanente del agua, no solo en cantidad sino en calidad.
El llamado de la comunidad es claro, necesitan soluciones estructurales. Mientras tanto, sobreviven con lo que pueden, resolviendo por su cuenta una necesidad básica que debería estar garantizada.




