
¿Por qué no es que “no quiera”, sino que “no puede”?Una forma sencilla de entender el TDAH
Fanori Andrea Lozada Ríos
Psicóloga y Neuropsicóloga Clínica
Opinión
Imagina esta escena: es martes, son las 3 de la tarde, estás tranquilamente sentado en el comedor de tu casa… y de repente te pica la pierna izquierda.
Pero no una picazón cualquiera.
Nivel 10 de 10.
¿Cuál es tu reacción inmediata?
Sí, esa misma en la que estás pensando: rascarte.
Ahora entra tu mamá en escena y te dice:
—Oye, no te rasques porque te va a dar urticaria. Mejor espérate un momento mientras voy a la nevera y te traigo un hielo.
Tu cerebro hace una pausa.
Tu corteza prefrontal, esa parte elegante del cerebro que se encarga de pensar, frenar impulsos y planear a corto plazo, entra en acción y dice:
—Ok, puedo esperar un poco.
Esperas. Te pones el hielo. Problema resuelto.
Final feliz.
Ahora, la misma escena… pero con TDAH.
La picazón es exactamente igual: 10 de 10. No es exageración. No es drama. Es real.
La mamá dice lo mismo:
—Espérate, no te rasques, voy por un hielo.
Pero aquí ocurre algo distinto.
En una persona con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la parte del cerebro que permite inhibir la respuesta inmediata, frenar el impulso y sostener una meta a corto plazo no funciona de la misma manera.
El cerebro no logra poner el “freno”.
La picazón gana.
La mano se mueve.
Se rasca.
Aunque le expliques con lujo de detalles que le van a salir mil urticarias.
Aunque lo entienda.
Aunque quiera hacerte caso.
No es rebeldía.
No es mala crianza.
No es falta de interés.
Es dificultad neurológica para detener una respuesta inmediata.
Entonces… ¿qué es realmente el TDAH?
El TDAH no es “no querer estar sentado”,
ni “no obedecer”,
ni “no poner atención porque no le importa”.
Es un cerebro que responde más rápido de lo que puede frenarse.
Por eso muchos niños, adolescentes y adultos con TDAH:
•Actúan antes de pensar.
•Les cuesta esperar.
•Se levantan, interrumpen, se mueven.
•Saben qué deberían hacer… pero no logran hacerlo a tiempo.
Y por eso, en muchos casos, el medicamento no seda, sino que ayuda a regular, a que el cerebro tenga ese freno que le falta para poder elegir.
Pero ojo: no todo es TDAH.
Aunque hoy en día es un trastorno muy común, también lo es el mal diagnóstico.
Con mucha frecuencia se confunden síntomas cuando un niño o joven tiene:
•Estrés crónico
•Trauma
•Ansiedad
•Problemas emocionales
•Dificultades conductuales
Y entonces vemos niños medicados que no lo necesitan, porque el origen del problema no es neurológico, sino emocional o ambiental.
En resumen
El niño con TDAH no es que no quiera portarse bien.
Es que no siempre puede hacerlo sin ayuda.
Entender esto cambia la forma en que educamos, acompañamos y tratamos.
Con menos juicio.
Más empatía.
Y mejores decisiones.
Porque antes de corregir la conducta…
hay que entender el cerebro.
Recuerda: es ciencia, y funciona.

