
Pilas con Natalia Sanint
Por Edgar Alfonso Aroca Campo (Periodista, @Arocavox)
Fue extraña la unión de César Sanint y Mónica Castaño. Él era un pelao “bien”, de familia con billete; ella más humilde, que se la rebuscaba en oficios varios. El hombre baila sabroso y es fanático por Los 50 de Joselito, mientras la mujer es reservada, callada y poco al baile.
Él regala galletas en los velorios, hace el rosario, charla con todos y luego lidera la procesión del muerto; ella no sale de la casa, cuida la mascota, sus antigüedades y cuando decide ir a la tienda de la esquina, es todo un operativo complicado.
César, cachaquísimo, ala, y Mónica, santandereana, mano.
De estas dos personalidades tan opuestas nació Natalia Sanint Castaño. Es tan mamadora de gallo como el papá, pero a la vez malgeniada como la mamá, pero de esta combinación ganadora nació una de las cómicas emergentes con mayor proyección en la escena de Colombia.
Nata se ríe y habla duro. En el colegio donde estudió el bachillerato en Villavicencio, imitaba a los profesores, se “regalaba” a cualquier actividad cultural y lideraba al grupo de chinas que le hacía compañía a las porristas del colegio femenino.
Sin ella saberlo, estaba puliendo muchas de las capacidades histriónicas que ahora podemos ver en todo su esplendor en su monólogo Tengo 40, que está presentando con éxito en varias ciudades del país, donde está llenando teatros y tales.
Es cierto que el mayor momento de popularidad lo consiguió cuando osó ir al programa Masterchef Celebrity 2023, sin ser celebrity ni saber cocinar. Pero hizo lo de siempre: aprender, repetir hasta lograrlo, ser muy disciplinada, estar actualizada, mantenerse juiciosa, cumplidora, ser puntual y legal. Así es para todo.
Aunque su momento estelar fue en el talent de cocina, durante varios años venía “acumulando millas” con una santandereana bien zafada, bochinchera, lengua sucia y pelietas, que suelta ocurrencias muy parecidas a las que usted y yo podríamos decir alguna vez, pero ella es peor.
¿Usted conoce a Nancy Patricia Chucurí? Natalia viene pegada hace rato a nivel nacional con este personaje, que se parece a la mamá, pero convertida en una caricatura, que da consejos para mantener viva la llama de las relaciones entre parejas, y adora a su marido, el atembao ese.
Ella viene siendo muy popular en las redes sociales. Párele bolas a esto: Personas tan distintas, como la tía Luisa de La Guajira, o don Lucho desde Villavicencio, sin ponerse de acuerdo, alguna vez me reenviaron videos de ella, porque les gustaba ese personaje sin filtro. Ahí repetí: ¡Se pegó esta vieja!
Sus perfiles siguen creciendo en seguidores, aunque tiene olvidado el canal en Youtube; en Tik tok los números superan los cincuenta o las cien mil reproducciones por video, llena salas con sus locuras ¡Y vaya! Bonito presente el que está viviendo.
Pero hace más de 20 años las cosas no eran así de bacanas, como hoy se ven. Aunque nació en Bogotá, desde muy “chinche” la llevaron a vivir a Villavicencio (Meta). Ser hija única, de padres separados, la hizo tomar decisiones radicales, una de ellas fue ponerse a trabajar en aquella época en la que no tenía ni cédula.
Creció con bastantes necesidades. En su casa faltaban muchos bienes o alimentos que sí tenían sus amigas del colegio. Al acercarse el grado de bachiller se lo dijeron clarito: “Le toca trabajar porque no hay para estudiar”. Ella quería ser abogada. Pese a la zancadilla a sus anhelos, eso se convirtió en el combustible que la puso a volar.
Vendió chucherías, hacía locución, animaba fiestas; fue promotora de lectura en la cárcel de Villavo, en ancianatos y colegios de zonas pobres. Atendió la recepción de la biblioteca pública, fue informadora en centro comercial y se le medía a todo lo que saliera. En una época tuvo tres trabajos para sostenerse y ayudar en la casa.
Mostró el talento en algunas emisoras en la capital del Meta, donde estaba rodeada de personas que la doblaban en edad, y así, persistió hasta que “saltó” a Bogotá, donde trabajó con altura en la Cadena Caracol y luego en RCN La radio, hasta que logró la tan buscada estabilidad económica en Olímpica Stéreo.
Natalia Enith -le molesta el Enith-, Natalia Enith convirtió su piel en “un fuerte cuero”, del que curtió una bella pieza, resistente, valiosa y que se exhibe en buenos mostradores, pero como el cuero es de alta demanda, seguro llegará a otras vitrinas y a exportarse, a donde habrá colombianos que pagarán lo que sea por “el artículo”.
Pilas, la comicidad de Natalia Sanint merece ser apreciada, porque después de 40 años, es hora de reír, bailar y llorar los recuerdos. Esta mujer anda con la “falda bien puesta”, con la potencia para liderar la nueva generación del humor colombiano y nos contagia de risa y esperanza en medio de tanta locura diaria en este país.


