Madres, vendedoras y guerreras: las historias de quienes hacen del rebusque su forma de resistir bajo la lluvia

Por: Melissa Céspedes | @melissa_periodista 

En el barrio 7 de Agosto de Villavicencio, las mañanas comienzan con movimiento, turnos en las oficinas, filas en droguerías, trámites médicos y gente que va y viene. Entre ellos, hay mujeres que todos los días llegan madrugadas con termos, canastas y carpas improvisadas, dispuestas a trabajar bajo cualquier condición climática.

Luz Estela, de 72 años, es una de ellas. Se desplaza desde el barrio La Reliquia para vender tintos, jugos, empanadas y buñuelos. Aunque es desplazada de San Martín, nunca ha dejado de trabajar. Su jornada inicia a las 6:00 a. m. y termina a las 3:00 p. m., incluso si la lluvia hace que todo sea más difícil. “Cuando llueve, toca ponerse botas, impermeable… la gente no sale, entonces se bajan las ventas, pero uno tiene que seguir”, dice mientras va sirviendo un tinto frente a una droguería, donde tiene su puesto. 

La lluvia no solo enfría el ambiente, también golpea el bolsillo. Pero no hay opción, su esposo ya no puede trabajar y ella carga con el peso de los gastos, sin poder pedir ayuda a sus hijos. “Ellos tienen sus obligaciones, cuando pueden colaboran, pero uno no puede exigirles”, dice.

Del otro lado de la calle se encuentra Dionelsy Baquero, de 54 años, quien empuja su carrito con termos de tinto, perico y aromática. Recorre el sector de punta a punta, saludando a clientes habituales, buscando siempre una venta más. “Me levanto, dejo listo el almuerzo y desayuno, y salgo. Si llueve, se vende menos, pero ahí vamos, con la bendición de Dios”, expresa con fe y firmeza.

En otra esquina del sector, se encuentra Mayra Alexandra una joven que lucha también bajo la lluvia. Es madre soltera de dos niñas, vende empanadas y en días grises como estos, cuenta que puede devolverse con casi la mitad sin vender. “A veces se venden 100, pero cuando llueve vuelvo a casa con 40 o 50”.

Estas historias son el reflejo de una realidad que mueve la economía del día a día. Mujeres valientes, que aunque la lluvia les baje las ventas, no les moja las ganas de salir adelante. 

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