“Esto lo hace a uno más fuerte”: Eduardo perdió la vista por una mina, hoy lanza jabalina por Colombia

Por: Melissa Céspedes | Periodista

@melissa_periodista

Cada 4 de abril, el mundo recuerda las consecuencias irreparables de las minas antipersonal. Colombia, uno de los países más afectados por este flagelo, registra a la fecha 12.540 víctimas por minas y municiones sin explosionar. Pero detrás de cada número, hay una historia. Una de ellas es la de Eduardo Franco Contreras, un exmilitar oriundo de Villavicencio, Meta, cuya vida cambió radicalmente un 15 de junio de 2010 en zona rural de Planadas, Tolima.

Eduardo, quien prestaba servicio en Granada, fue impactado por una mina antipersonal instalada por grupos armados de las FARC. El artefacto le causó heridas devastadoras en el rostro, maxilar, manos y ojos. La ceguera sería definitiva, pero no su voluntad de vivir.

“Desde que entramos al Ejército Nacional, entramos dispuestos a luchar por nuestro país, un país que merece vivir en paz, pero por las consecuencias de la guerra nos pasa a nosotros como militares. Hay que confiar en Dios, por más dura que sea la prueba, esto lo hace a uno más fuerte y quizás vengan mejores cosas para la vida”.

Y esas “mejores cosas” llegaron. Luego de un largo y doloroso proceso de adaptación, no solo físico, sino emocional y familiar, Eduardo encontró un nuevo camino en el deporte paralímpico. Inicialmente incursionó en el fútbol, pero pronto encontró su verdadera pasión: el lanzamiento de jabalina.

“Inicié con fútbol, pero para eso requería un equipo. Un entrenador me sugiere para atletismo y me encuentro con la jabalina. Es algo muy bonito y con la cual he tenido los mayores logros a nivel nacional e internacional. He participado en mundiales, panamericanos y suramericanos”.

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Foto: CNMH

Hoy, más que una víctima, Eduardo es un referente de resiliencia. Representa a Colombia con orgullo en competencias internacionales y se ha convertido en un símbolo de superación para quienes, como él, han sufrido las consecuencias del conflicto.

“La afectación psicológica fue para toda la familia, teniendo en cuenta que soy una persona ciega. Desde esposa, hijos, hermanos y padres, todos sufrieron el impacto, porque tener un familiar ciego de un momento a otro… pero gracias a Dios tuve el apoyo de ellos y yo decidí seguir hacia adelante”.

Y es que. Colombia ha sido uno de los países más golpeados por esta problemática. Solo en 2006 se registraron 1.224 víctimas, el pico más alto en la historia del país. En 2025, ya van 28 víctimas en lo corrido del año, según cifras de la Asistencia Integral a las Víctimas de MAP y MUSE. 

El 81% de las víctimas sobreviven con heridas físicas, mientras que el 19% ha fallecido. Es decir, 1 de cada 5 personas afectadas por una mina muere. Los departamentos más afectados históricamente han sido Antioquia (2.675), Nariño (1.156), Meta (1.153), Norte de Santander (972) y Caquetá (954).

Pero más allá de las estadísticas, están las vidas interrumpidas, los sueños postergados y las familias fracturadas. Como la de Eduardo, que no se rindió, que convirtió su tragedia en testimonio.

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