Entendiendo la depresión

Picture of Fanori Andrea Lozada Ríos

Fanori Andrea Lozada Ríos

Psicóloga y Neuropsicóloga Clínica

Opinión 

Hace un tiempo conocí a un hombre que llegó a mi consulta con una historia que, lamentablemente, es más común de lo que pensamos. Había sido diagnosticado con depresión después de años de exigencia laboral en un país donde los recursos son limitados y la presión, enorme. Era un profesional brillante, pero un día, simplemente, se “reventó”. Después de tres años de medicación y varias consultas psicológicas, alguien lo recomendó conmigo.

Cuando lo conocí, me encontré con un hombre educado, correcto y desesperado. Lo primero que me dijo fue: “No sé qué más hacer, pero no puedo seguir viviendo así”. Al preguntarle si alguna vez le habían hecho pruebas de personalidad, su respuesta fue un rotundo “no”. Así que ese fue nuestro punto de partida.

Las pruebas revelaron algo importante: su tipo de personalidad tenía rasgos obsesivo-compulsivos. No era un trastorno, sino un estilo que lo llevaba a buscar la perfección y a frustrarse fácilmente. En el fondo, su depresión no provenía solo del cansancio o la presión, sino de un manejo inadecuado de la ira y la frustración.

Diseñamos un plan que incluyó herramientas sensoriales y estrategias para reducir esos “focos rojos” del enojo. Logró avances admirables, pero, lamentablemente, una nueva crisis lo llevó a un episodio depresivo mayor.

Esa experiencia me dejó una gran lección: aunque tengamos medicamentos, recursos y teorías, si no comprendemos la raíz emocional de la depresión, difícilmente podremos superarla del todo.

En este Mes de la Detección de la Depresión y la Salud Mental, quiero invitarte a mirarte con detenimiento. En mi experiencia profesional, el 90 % de los casos de ansiedad y depresión podrían manejarse mejor si aprendiéramos, desde antes, a gestionar emociones como la ira, la frustración o la dependencia. Esas son las raíces que, si no se atienden, pueden convertirse en un árbol difícil de podar.

Y si ya tienes un diagnóstico, recuerda: el diagnóstico no eres tú.

Haz algo sencillo, pero poderoso: toma un cuaderno y escribe un diario emocional. Anota lo que sientes cada día, qué lo provocó, cuánto duró y qué tan intenso fue. Registra tanto las emociones negativas como las positivas. Al final de la semana, revísalo. Verás cuál emoción te domina y tendrás la oportunidad de cambiar la historia antes de que te arrastre.

Porque, al final, la salud mental también se entrena.
Y recuerda: es ciencia… y funciona.

Comparte