
El combustible de las adicciones
Fanori Andrea Lozada Ríos
Psicóloga y Neuropsicóloga Clínica
Opinión
Cuando escuchamos la palabra adicción, lo primero que pensamos son las drogas: cocaína, cristal, alcohol… pero la realidad es que hay muchas más adicciones de las que creemos. Y no todas se compran en bolsitas.
Por ejemplo: ¿revisas constantemente el celular de tu pareja buscando una “pizca” de infidelidad? ¿Te sientes al borde de la muerte si discuten y se alejan por unos días? ¿Pasas noches sin dormir y días sin comer hasta que regresa… y entonces todo parece maravilloso?
Pues, sorpresa: ese comportamiento también es adictivo.
Así como alguien pierde el control cuando no tiene cerca la droga, en las relaciones de dependencia emocional ocurre lo mismo:
Síntoma 1: Abstinencia. Te desesperas si no tienes a la persona cerca.
Síntoma 2: Perseverancia. La persigues, aunque ya te demostró que la relación te genera sufrimiento.
Síntoma 3: Recaída. Vuelves una y otra vez, aunque sabes que la historia siempre termina mal.
El mecanismo es idéntico al de cualquier otra adicción. Lo único que cambia es el “objeto” que escogiste para drogarte: puede ser alcohol, videojuegos, trabajo… o Mario o Carlos, esos que te traen como si no tuvieras voluntad propia.
Si te sentiste identificado, tengo dos noticias:
Ser adicto a una persona puede llevarte fácilmente a depender de algo más fuerte si no sanas.
No estás perdido(a): siempre hay formas de mejorar.
Porque, al final, querido lector, el combustible de tus adicciones no es la sustancia ni la persona… son tus emociones.
Léelo de nuevo y grábatelo: lo que te atrapa no es el objeto, sino la raíz emocional —un duelo no resuelto, un abandono, una palabra en la infancia, la falta de apoyo—… un sinfín de cosas que muchas veces ni siquiera sospechas.
Así que, si notas en ti una tendencia a relaciones de dependencia emocional, puede que estés frente a una adicción emocional. Y como toda adicción, tiene solución comprobada por la ciencia, siempre y cuando busques ayuda y te comprometas a trabajar en tus emociones.
Recuerda: es ciencia, y funciona.


