
De la selva del Guaviare hasta la capital del Meta: la travesía de un puma para volver a caminar. [VIDEO]
Foto: Prensa Cormacarena
Por: Fernando Saavedra López | Comunicador Social
@fslcomunicacionaudiovisual
Ikal, un puma, habitante esquivo de la reserva Ñupana, en el corazón del Guaviare, se vio afectado por un dolor punzante. Una fractura en una de sus patas, una tragedia en medio de esa exuberante selva tropical.
La noticia se propagó rápidamente entre los guardianes de la naturaleza. La Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico (CDA), seccional Guaviare, consciente de la complejidad de la lesión y la necesidad de manos expertas, extendió un llamado de auxilio a sus colegas de Cormacarena, la autoridad ambiental del Meta. Wilson López Bogotá, su director, aceptó la misión, que era clara, pero el desafío logístico, inmenso: trasladar al puma herido desde las profundidades del Guaviare hasta Villavicencio, donde la ciencia veterinaria podría obrar el milagro.
Y así comenzó una travesía digna de documental. Un despliegue coordinado, con la participación de varios profesionales de la CDA y Cormacarena, quienes unieron fuerzas, movilizando vehículos, equipos y la determinación necesaria para garantizar el bienestar del felino durante el viaje. Cada kilómetro recorrido era una cuenta regresiva hacia la posibilidad de volver a caminar.
En Villavicencio, lo esperaba un experimentado médico veterinario zootecnista, especialista en traumatología y ortopedia de animales, Diego Alfonso Ochoa, quien, junto a su equipo, abrió las puertas de la Clínica Veterinaria Solo Patas para recibir al paciente más inusual. No era un perro doméstico, ni un gato mimado, sino un puma salvaje, símbolo de la fuerza y la belleza indómita de la naturaleza colombiana.
Alrededor de la mesa de operaciones, especialistas de diversas disciplinas de la medicina veterinaria, congregados con un solo propósito: reparar el hueso roto.
La cirugía, una delicada danza entre bisturíes y radiografías, se extendió por más de tres horas. Como en cualquier intervención ortopédica de alta complejidad, se utilizaron placas y tornillos metálicos, diminutas piezas de ingeniería diseñadas para unir los fragmentos óseos y devolver la estabilidad a la pata del puma. Cada movimiento era preciso, cada decisión, crucial. El silencio en el quirófano solo era interrumpido por el suave zumbido de los equipos y las indicaciones precisas del doctor Ochoa.
Tras la delicada operación, el puma inició un nuevo capítulo en su historia: la recuperación. Su hogar temporal fue el Bioparque Los Ocarros, un oasis de conservación en la capital del Meta. Allí estuvo un par de meses bajo la atenta mirada de veterinarios y cuidadores. El felino recibió las atenciones necesarias para sanar. Fisioterapia, medicamentos y, sobre todo, paciencia, fueron los ingredientes clave de este proceso.
Y finalmente, el día del reencuentro llegó. Con la misma meticulosidad del viaje de ida, el puma fue trasladado de vuelta a la reserva Ñupana, en la ambulancia de Cormacarena como un preciado tesoro que volvía a su lugar de origen. Allí, en la espesura de la selva, lo esperaba un rostro familiar, su hermano, ansioso por reunirse. Junto a Samantha, su dedicada cuidadora. El hermano del puma se convirtió en un apoyo fundamental en la última etapa de su recuperación, guiándolo en sus primeros pasos de vuelta a su hogar.
Hoy, el puma se mueve con cautela, aún adaptándose a la sensación de su pata reparada. Durante nuestra visita a la reserva, el protagonista de esta historia prefirió mantenerse en la intimidad de su refugio. Sin embargo, su hermano, curioso y quizás un poco más sociable, se asomó para inspeccionar a los visitantes. Y fue entonces cuando un pequeño cuzumbo, compañero inesperado de nuestra expedición, despertó el instinto cazador del felino.
Esta historia, es un testimonio de la dedicación de los profesionales ambientales y veterinarios de Colombia. Es un recordatorio de que incluso en los rincones más remotos del país, la vida silvestre importa y que la colaboración y el conocimiento pueden obrar milagros, devolviendo a un puma su capacidad de caminar y, con ello, la esperanza de seguir rugiendo en su hogar ancestral.


