“Aquí no le estoy haciendo daño a nadie”: La historia detrás del negocio regañado por el alcalde de Villavicencio

Por: Melissa Céspedes | Periodista

@melissa_periodista

En el barrio La Madrid, al sur de Villavicencio, se ubica el negocio de Flor Alba Plazas, un puesto de frutas, verduras y sancochos que sirve de sustento para su familia y otras más. Allí, hace pocos días, se registró un incidente que generó controversia en redes sociales: el alcalde Alexander Baquero, en un tono elevado, le exigió a unos jóvenes que cerraran el punto de venta, lo que desató críticas sobre el trato a los trabajadores informales. 

Detrás de ese “puesto” hay una historia marcada por el desarraigo y la resiliencia. Flor Alba fue desplazada por la violencia en el año 2007 en el Vichada. Llegó a Villavicencio con sus hijos, buscando seguridad. Tardó ocho años en recibir un apartamento del Estado. Mientras tanto, sobrevivía vendiendo tamales y comida. Fue así como nació su primer negocio: un fogón, algunas gallinas, una mesa y muchas ganas de salir adelante.

“Hace años me desplazaron, me quitaron un hijo, y sino aquí estuviera trabajando también, ¿por qué me tocó salir de allá?, porque se me iban a llevar a mis hijos, ahora llego aquí a la ciudad y ahora el gobierno también me quiere desaparecer de acá, necesitamos trabajar, yo tengo derecho a mi trabajo, mis hijos también”, relata con dolor.

Durante la pandemia, su actividad se detuvo, pero ella no se rindió. Reinició con más fuerza, invitó a su hijo a montar un pequeño mercado, y poco a poco sumaron esfuerzos. Hoy trabajan con ella dos hijos, una colaboradora y sus respectivas familias. En total, el negocio sostiene a siete hogares.

“Aquí siempre se han mantenido siete familias”, dice con orgullo.

Flor afirma que incluso pagó por años una mensualidad por la caseta que la propia alcaldía le asignó.

“Duré tres años pagando, imagínese, me cobraban $63.000 mensuales, más el seguro. En diciembre dije: voy a pasar una solicitud para el permiso”.

Sin embargo, relata que funcionarios de Espacio Público llegaron sin previo aviso con la intención de desalojarla. Tiraron las mesas, me querían tumbar el puesto”. Indignada, se dirigió a las oficinas para tramitar un permiso formal y descubrió que quien intentó cerrarle el negocio era nada menos que el jefe de Espacio Público.

“Fui para Espacio Público, hablé con un funcionario, le conté lo que les estoy contando y hasta él me dijo: denúncielos, porque aquí no se ha enviado ninguna brigada a tumbarle nada a nadie”.

El caso llegó a la Defensoría del Pueblo, y aunque hubo tensiones, se logró una solución temporal: un permiso que le permite continuar trabajando.

Pero lo que más le dolió fue la visita del alcalde. Flor afirma que Baquero conocía su historia y que incluso compartió masato con ella durante la campaña.

“Yo no echo en cara nada, pero el alcalde, ¿será que se le olvidó cuando en campaña nos echaba el brazo? En mi apartamento estuvo tomando masato. Me dijo: ‘Doña Flor Alba, si llego a ganar, lo primero que haré es ayudar a la gente informal’. ¿Y ahora qué pasó?”.

Con voz firme, pide respeto y soluciones, no agresiones.

“No venga a sacarme de esa manera, a echarme a la inspectora. La inspectora también se portó grosera. ¿Por qué no se mete en las ollas de vicio que hay por aquí? Yo lo veo gastando es dineral en fiestas”.

Flor Alba no tiene recursos para pagar un arriendo que le exigen en un local formal. “Millón ochocientos no los tengo”, dice. Asegura que no se opone a moverse, si es por el bien común.

“Yo les dije a los de Espacio Público: el día que vea la maquinaria para echar la carretera, me voy con todo gusto. Pero mientras tanto, déjenme trabajar, que no le estoy haciendo daño a nadie”.

La Madrid, Un barrio que resiste

Fabio Aya, líder comunal de La Madrid, sostiene que las personas que viven allí son, en su mayoría, víctimas de desplazamiento. La economía informal, asegura, ha sido una vía para salir adelante.

Para Aya, lo preocupante no es que la administración ejerza control sobre el espacio público, sino el modo en que se hace. En su opinión, el alcalde, como figura pública y líder social, debería acercarse con empatía, no con regaños. La comunidad, afirma, necesita apoyo y oportunidades, no maltrato. 

“Por qué no se enfoca en hacer una socialización en las personas del sector, en donde se haga un estudio y aquí en este sector se cree una microplaza o algo que se les de un puesto fijo, está bien que lo cobren, pero no es la manera de venir atropellar a las personas”

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