Ancizar Valencia: Una apuesta por la autosostenibilidad en la árida altillanura del Meta

Por:
Fernando Saavedra López | Periodista

En una lejana zona de la altillanura colombiana, donde la tierra roja y árida desafía a quién intente cultivarla, José Ancizar Valencia Barrios asumió el reto y ha demostrado que lo puede hacer.

Ha convertido sus tres hectáreas y cuarto en una granja productiva, orgánica y autosostenible.
Su terreno está situado en la vereda Murujui, en el municipio de Puerto Gaitán, allí Ancizar y su grupo familiar, integrado por su esposa, tres hijos y su cuñado, ha logrado crear su modelo de producción diversificada que en este caso combina la actividad agrícola, la apicultura y próximamente la ganadería.

“Aquí trabajamos con cerdos, tenemos un proyecto apícola para el que nos ayudo Hocol, y cultivamos frutas, hortalizas y legumbres”, dice Ancizar, mientras nos enseña sus cultivos.
Nos dice también que está por desarrollar una pequeña producción lechera, y que piensa generar un ciclo autosostenible aprovechando el suero acumulado en la alimentación de los cerdos.

Un sistema de producción equilibrado con la naturaleza

La altillanura colombiana se caracteriza por sus suelos muy ácidas y su poca fertilidad, pero Ancizar ha encontrado una manera de aprovechar los recursos disponibles de su entorno. Con lixiviados de los cerdos y los desechos de las gallinas ha mejorado la calidad del suelo y ha incrementado la producción de cultivos, tales como maíz, yuca, cúrcuma, frijol, achiote junto con algunas plantas de café y cacao.

“Es costoso poner a producir estas tierras, pero si sabemos hacer uso de los residuos orgánicos podemos mejorar el suelo sin tener que hacer grandes inversiones” dice Ancizar, quien se formó con en el SENA.

Innovación rural.

No solo hay diversifacación agrícola en la parcela de Ancizar, también ha implementado soluciones creativas e innovadoras, como por ejemplo, a falta de dinero, construyó el techo de su casa en plástico y tierra, el cual le ha servido para cultivar melón y patilla, demostrando de esta manera que con ingenio, además de optimizar espacios también se pueden aprovechar los recursos con los que se cuentan.

En su pequeña granja no solo cultiva productos agrícolas, también los transforma, y de manera artesanal produce y comercializa harina de sagú, harina de cúrcuma, tomate cherry, cilantro, cebolla, e incluso miel de abejas africanizadas que produce en sus colmenas, gracias a un proyecto financiado por la empresa petrolera Hocol, lo que le ha permitido generar algunos ingresos. El anhelo de Ancizar es poder constituir su terreno como una granja autosostenible.

El futuro de la finca: una granja autosostenible

El sueño de Ancizar es consolidar su finca como un referente de autosostenibilidad en la región. “Queremos demostrar que no se necesitan grandes extensiones de tierra para vivir del campo. Con trabajo, cariño y dedicación, cualquier terreno puede ser productivo”, afirma.

En un país donde el campo enfrenta múltiples desafíos, historias como la de Ancizar son un recordatorio de que la autosostenibilidad es posible y que, con el conocimiento adecuado, la tierra puede dar mucho más de lo que se imagina.

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