Fanori Andrea Lozada Ríos
Psicóloga y Neuropsicóloga Clínica
Opinión
En consulta me ha pasado más de una vez.
Llega una persona y me dice, muy segura:
—Yo tengo ansiedad, depresión y creo que también TDAH.
Yo respondo:
—Bueno… ¿y quién te diagnosticó?
Silencio.
—Lo vi en TikTok.
Ah.
Entonces, ahora resulta que tenemos psicólogo, psiquiatra y laboratorio clínico en el celular.
Y ojo: TikTok no es el malo de esta historia. Las redes sociales pueden ser una excelente herramienta para aprender sobre emociones, conocer conceptos de psicología y descubrir que eso que sentimos tiene un nombre y que no necesariamente somos “los únicos”.
El problema comienza cuando pasamos de:
“Esto que explica el video se parece a lo que me pasa”
a:
“Listo, tengo el diagnóstico”.
Y peor todavía cuando damos el siguiente paso:
“Y como el video también dijo qué hacer, voy a tratarme por mi cuenta”.
Ahí sí toca poner el freno.
Porque sentirse triste no significa automáticamente tener depresión. Tener preocupaciones no significa necesariamente tener un trastorno de ansiedad. Y distraerse, olvidar las llaves o dejar cinco cosas a medio hacer no significa automáticamente tener TDAH.
Si fuera así, medio país tendría TDAH cada vez que pierde las llaves del carro.
Un diagnóstico psicológico no se hace con un video de 45 segundos, por muy convincente que sea la persona que aparece bailando mientras explica los síntomas.
Para realizar una evaluación adecuada se necesita conocer a la persona, no solamente sus síntomas.
Se hace una entrevista clínica completa, se exploran diferentes áreas de su vida, su historia personal, familiar, emocional y social y, cuando corresponde, se utilizan pruebas psicológicas estandarizadas.
Porque dos personas pueden llegar diciendo exactamente:
“Tengo ansiedad”.
Pero eso no significa que necesiten exactamente lo mismo.
Una persona puede presentar ansiedad acompañada de rasgos depresivos; otra puede tener dificultades relacionadas con inseguridad o evitación; otra puede estar atravesando una situación puntual de estrés.
El síntoma puede parecerse, pero la historia detrás puede ser completamente diferente.
Y por eso el tratamiento tampoco debería ser una receta de TikTok.
La psicología no funciona como:
“Tres señales de ansiedad: si tienes dos, felicidades, ya tienes ansiedad”.
Ojalá fuera tan fácil. Nos ahorraríamos unas cuantas universidades.
El verdadero trabajo comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente:
“¿Qué tengo?”
y empezamos a preguntarnos:
“¿Qué me está pasando a mí?”
Porque un buen proceso psicológico no consiste en coleccionar diagnósticos.
Consiste en comprender qué está ocurriendo, por qué está ocurriendo y qué podemos hacer para cambiarlo.
Así que sí: mire videos de psicología, aprenda, pregunte, infórmese.
Pero si después de ver uno piensa:
“¡Dios mío, tengo los siete síntomas!”
Respire.
No se autodiagnostique.
Y, por favor, no se automedique con base en el video que apareció después.
Recuerde: la psicología es una ciencia y funciona.
Pero funciona precisamente porque evalúa a cada persona como un individuo, estudia su contexto y utiliza herramientas y métodos profesionales para comprender lo que está pasando.
TikTok puede ayudarle a hacerse preguntas.
Pero el diagnóstico necesita mucho más que un algoritmo.




