Promesas sin pavimento: el olvido estatal asfixia el desarrollo de la Orinoquía

Con la altillanura como escenario y el futuro del agro colombiano en juego, se desarrolló en las instalaciones de Fedearroz Villavicencio, el foro “El despertar de la Orinoquía: futuro de la seguridad alimentaria nacional”. Un espacio que reunió a líderes gremiales, expertos, agricultores y empresarios para hablar de lo que tiene, y de lo que necesita, esta región para convertirse en la verdadera despensa del país.

Durante el evento se destacó el enorme potencial del territorio: miles de hectáreas cultivables, condiciones climáticas favorables y productores que, a pesar de las dificultades, no han dejado de sembrar. Pero también se expusieron los retos que enfrenta: falta de vías, inseguridad, bloqueos, extorsiones, rezago tecnológico y abandono estatal.

“La tierra se civiliza con vías”, afirmó Rafael Hernández Lozano, gerente general de Fedearroz, al insistir en que obras clave como la carretera Puerto Gaitán – Puerto Carreño son fundamentales si se quiere aprovechar el verdadero potencial de la altillanura. “Este es el territorio de desarrollo más grande que tiene Colombia”, recalcó. Sin inversión en infraestructura, advirtió, el agro seguirá dependiendo del esfuerzo solitario de sus productores y del sector privado.

Por su parte, Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), fue tajante, “La inseguridad física, por bloqueos, extorsiones y reclutamiento forzado, y la inseguridad jurídica, por decisiones legislativas, están frenando el desarrollo del agro”.
Denunció que hoy los alimentos son más costosos porque los campesinos pierden sus cosechas en vías en mal estado, o simplemente no pueden sacarlas debido a paros y bloqueos.
Y sin vías, no hay acceso digno a salud, educación ni seguridad para las zonas rurales. Según la SAC, solo el 20 % de las vías terciarias del país está en buen estado. Sin caminos, no hay competitividad.

En el foro también se discutieron temas como sostenibilidad, innovación, conectividad rural, sistemas de riego y la urgente necesidad de que el Estado mire más allá de las capitales. La Orinoquía clama inversión, desarrollo y presencia estatal real para seguir creciendo.

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